15 de marzo de 2010

ESOS LIBROS OLVIDADOS... LOS LIBROS DE CONOCIMIENTOS

¿Cómo alimentar a mi mascota? ¿Por qué entran en erupción los volcanes? ¿Por qué las ballenas son mamíferos y tienen cola? ¿Quiénes fueron los mayas, dónde vivieron? ¿Qué escritura se utiliza en Corea? ¿Qué es la arqueología? ¿Cómo llegó el hombre a la luna? ¿Cómo puedo preparar una pizza casera? ¿Quién fue Carlomagno? ¿Cómo se rueda una película? ¿Cómo funciona un acelerador de partículas y para qué sirve? ¿Qué es un partido político? ¿Por qué nos morimos? Para los nacidos en la era de Internet, las respuestas a estas preguntas –y a todas las que puedan plantearse- se encuentra en la red y sólo en ella, pero es evidente que en nuestro entorno existen otras muchas fuentes para obtener respuestas y, entre ellas, los libros de conocimientos resultan una de las más eficaces.

Hasta hace pocos años, los libros de conocimientos eran el recurso de información por excelencia aunque, en la actualidad, han quedado relegados ante la inmediatez de las respuestas proporcionadas por este oráculo que es Google. Sin minimizar la utilidad de Internet y de la información que puede proporcionar una búsqueda bien realizada que nos permita acceder a una fuente de calidad, adaptada a las capacidades de quien debe comprender los contenidos, lo cierto es que para determinadas funciones los libros de conocimientos o libros informativos siguen teniendo hoy todo el sentido.

En efecto, estos libros pueden responder a estas y otras preguntas, puesto que en su mayoría aportan datos, describen realidades, relatan hechos y exponen opiniones de expertos sobre temas más o menos amplios. Pero también son libros que interpelan al lector con preguntas, directas o indirectas, que le permiten reflexionar, crearse una opinión sobre la cuestión y tomar postura ante las informaciones que se contienen en ellos. Como es lógico, este planteamiento es más frecuente en aquellas obras que tratan los temas más polémicos, que suelen analizar los distintos puntos de vista con que la sociedad aborda dichos temas. A preguntas como ¿qué es el cambio climático?, algunos libros se limitarán a establecer las causas y los efectos, priorizando un enfoque esencialmente científico –por otra parte, imprescindible-, mientras que otros propondrán algunas buenas prácticas, siempre al alcance de los lectores, encaminadas a minimizar sus efectos.

Los libros de conocimientos, a semejanza de los libros de divulgación para adultos, son productos pensados específicamente para satisfacer la curiosidad y la necesidad informativa de niños y jóvenes, que se dirigen a públicos muy diversos, determinados por las capacidades e intereses de los lectores. Por eso, el mercado ofrece una extensa variedad de propuestas, a cuál más atractiva, que tratan todos los temas, por inusitados que nos parezcan, y que los plantean de manera asequible a lectores de todas las edades.

Una ojeada a los mostradores de una librería medianamente surtida, nos permitirá distinguir libros que desentrañan los secretos del trabajo de un forense, de un detective o de un arqueólogo; libros que introducen en el mundo de la microbiología y son de gran ayuda para utilizar aquel microscopio arrinconado en un estante, libros que explican todo sobre el mundo de las carreras de motos, libros que inician en las bases de la filosofía a partir de la propia reflexión o libros que aportan las bases técnicas para aprender a dibujar cómic… Libros para cada lector y para cada ocasión.

Al margen de lo interesante que pueda resultar el tema para determinado lector, lo cierto es que uno de los aspectos que más contribuye al éxito de estos libros radica en su presentación. Los libros de conocimientos infantiles y juveniles se distinguen de todos los demás por sus formatos más cuadrados y más grandes y por el uso sistemático de llamativas fotografías a todo color en las cubiertas. Los más actuales suelen combinar una gran variedad de textos –en tipografías diversas, según su función- con imágenes fotográficas, dibujos, esquemas y otros elementos gráficos, en disposiciones muy eficaces y atractivas y que aportan una valiosa información que enriquece el texto. Algunas colecciones incorporan elementos móviles en forma de desplegables, pestañas y variados mecanismos de superposición, como los acetatos, que, cuando se manipulan aportan nuevas posibilidades informativas a las imágenes puesto que permiten modificar el aspecto de los objetos, intuir el paso del tiempo o situar las imágenes en otro contexto. Otras, incluyen discos ópticos que amplían los contenidos y permiten acceder a imágenes móviles y a sonido, como complemento al texto. Todo ello con el doble objetivo de aportar modernidad al libro y de facilitar su lectura.

Este aspecto atractivo, unido al concepto de lectura útil y provechosa que de estos libros tenemos los adultos, les ha convertido en un típico libro de regalo que, no nos engañemos, no suele despertar grandes alegrías entre la mayoría de chicos y chicas. Ello es debido, en parte, a que estas obras suelen llevar aparejada una carga “escolarizante”, como de complemento del libro de texto. Son libros presentes en el aula, en la biblioteca escolar y en la biblioteca pública, y una parte de sus lectores potenciales no se sienten interesados en ellos. Y, sin embargo, si son muchos los chicos y chicas que no acaban de sintonizar con las obras de ficción, pero que leerán encantados cualquier libro de conocimientos que conecte con sus aficiones o con sus intereses, o que simplemente les muestre otra manera de ver y conocer el mundo. A menudo, estos chicos y chicas llevan mal el tema de la lectura y, más todavía, el de la lectura obligatoria escolar, que suele dar prioridad absoluta a la narrativa, frente a cualquier otro tipo de lectura. En una palabra, son considerados malos lectores cuando, simplemente, lo que ocurre es que prefieren leer otro tipo de libros.

Y es que la lectura de estos libros puede ser algo apasionante, en especial para aquellos lectores curiosos que buscan saber más sobre sus temas preferidos o ampliar sus conocimientos, que agradecen poder contrastar pareceres o que, simplemente, están encantados de dejar vagar la vista sobre las imágenes de estos libros y descubrir nuevas maneras de mirar.

Mònica Baró

Ed. Centro internacional del Libro Infantil y Juvenil. FGSR

Fuentes de la información: S.O.L.


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